COMENTARIOS AL LIBRO: NO SE OLVIDA, EL MOVIMIENTO ESTUDIATIL DE 1968 EN OAXACA

Francisco Martínez Neri

 

Agradezco cumplidamente al maestro Isidoro Yescas Martínez la invitación para comentar  el libro: NO SE OLVIDA, EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1968 EN OAXACA, y aprovecho para felicitar a quienes hicieron posible la elaboración de esta obra colectiva que hoy se presenta, todos ellos distinguidos investigadores y compañeros universitarios.

NO SE OLVIDA, EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1968 EN OAXACA, es un ejercicio intelectual que recupera la memoria colectiva respecto de acontecimientos que se vivieron en Oaxaca durante los años en que se produjo el movimiento estudiantil más importante de nuestro país. Gran parte del contenido del texto está vinculado con los hechos, particularmente ocurridos en la universidad, hoy autónoma, Benito Juárez de Oaxaca, situación que se justifica, pues la universidad era en ese entonces la institución educativa por excelencia en el estado, par de otras instituciones de educación en el país  que también secundaron el movimiento estudiantil. El enfoque del texto rebasa lo estrictamente universitario y aborda los ambientes sociales, culturales y políticos, así como los impactos del movimiento en otras instituciones.

Dado que me correspondió vivir algunos de los acontecimientos del 68, pues en esa época yo estudiaba  el tercer año de prevocacional en el Instituto Politécnico Nacional en la ciudad de México, la lectura del libro que hoy se presenta me ha permitido confirmar y extender el conocimiento respecto del entorno que en nuestra entidad oaxaqueña envolvió al movimiento estudiantil, sismo cuyo epicentro estuvo en la ciudad de México.

El movimiento de 1968 en Oaxaca tuvo diversos actores, a decir de Víctor Raúl Martínez Vásquez. El maestro Moisés González Pacheco se convertiría en el principal dirigente del movimiento, sin olvidar la participación de José Antonio Castillo Viloria, José Guadalupe Millán, Cipriano Rojas, Eusebio Zárate silva, Demetrio Saavedra, Jorge Machorro, y otros más. La represión, como en México, también cundió en Oaxaca: hubo detenciones, amenazas, golpes, persecuciones. En Oaxaca, dice Martínez Vásquez, el ejército amagaría en distintas ocasiones a los universitarios e impediría manifestaciones. En una concentración frente al edificio central lanzaría sus vehículos contra la multitud infligiendo heridas y golpes a los asistentes.

Los actores del movimiento estudiantil, una vez terminada la huelga en la universidad, el día 12 de diciembre de 1968, optarían por distintas vías políticas, desde la incursión en la guerrilla hasta quienes se incorporaron al gobierno o quienes se sumaron a proyectos para formar nuevos partidos políticos de izquierda. Algunos otros impulsarían la creación de organizaciones o encabezarían demandas sociales.

Algunos logros que destaca el autor respecto de la lucha estudiantil en Oaxaca tienen que ver con la vinculación al movimiento social; el control del máximo órgano de representación estudiantil, pero sobre todo, citando a Cuauhtémoc González Pacheco: el movimiento logró la toma de conciencia de gran parte del estudiantado, respecto de los problemas políticos nacionales; se arrebató a los grupos gansteriles los órganos de representación del estudiantado; se logró por primera vez la unión de los estudiantes de las diferentes escuelas de Oaxaca y se rompió el control del gobierno sobre las organizaciones estudiantiles.

Samael Hernández Ruiz, en JUCHITÁN 1968: UNA EXPERIENCIA DESDE LA PROVINCIA OAXAQUEÑA, decidió abordar el tema del movimiento estudiantil, a partir de narrar su propia experiencia personal y sus vivencias en su natal Juchitán, su encuentro con los jóvenes de la “nueva ola”, su impresión y disgusto por la llegada de tanquetas del ejército a la plaza de armas  de Juchitán, la fallida toma de las oficinas de la  dirección de su escuela secundaria el 2 de octubre del 68, su llegada a la preparatoria general de la UABJO en 1971, su encuentro con la lectura de los autores del boom latinoamericano, las lecturas de Marx, el impacto del jueves de corpus en la ciudad de México.

Samael tiene muy presente la influencia que le produjo en su formación, la lectura de “Crítica Religiosa”, de Voltaire, y luego “Principios Elementales de Filosofía”, de Georges Politzer, lecturas que pusieron en crisis sus convicciones religiosas y allanaron el camino para luego considerarse a sí mismo como marxista militante y le llevaron a las filas del trotskismo, corriente marxista que consideró la más acertada y congruente, de la que se alejó en su momento por discrepar en la toma de decisiones.

Samael Hernández, señala que es necesario volver a la herencia que le dejó el movimiento del 68, reconstruir el pensamiento de Marx sin dogmatismos, comprenderlo en su tiempo y su contexto y forzarlo a responder preguntas de nuestra actualidad con la ayuda del conocimiento científico que hoy tenemos de la sociedad. Su cercanía y familiaridad con el ambiente educativo le lleva  inevitablemente a Samael a plantearse cómo el capital determina el operar de la escuela, en particular, y el hecho educativo, en lo general.

A sus 63 años de edad, y evocando los sucesos del 68 y la etapa de su vida política, Samael señala que asume la condición de seguir viviendo con dignidad hasta que el cuerpo aguante, indicando que vivir con dignidad significa no ser sometido por la fuerza física o la fuerza de la costumbre o, peor, la fuerza de una necesidad impuesta y finalmente remata: vivir con dignidad es vivir siendo rebelde.

Para Jorge Machorro Flores, en VOLVER A LOS 17 DESPUÉS DE VIVIR MEDIO SIGLO,  el movimiento del 68 hay que abordarlo, no desde el enfoque lastimero o necrofílico, sino  a partir de considerar que “hay que conservar del pasado, no las cenizas, sino el fuego”.  No puedo dejar de coincidir en ello: el movimiento estudiantil del 68 es fuente inspiradora de todo movimiento democrático, de toda lucha contra el autoritarismo, de todo intento reivindicatorio; el 68 está siempre presente en la protesta social, como hace apenas algunos días cuando los estudiantes de la UNAM se manifestaron contra el porrismo en su casa de estudios. Allí estuvieron las consignas,  las mantas improvisadas, los folders, enarbolados como carteles; miles de universitarios avivando el fuego prendido en el 68.

En el recuento de los efectos del movimiento, Machorro, citando a Gilberto Guevara Niebla, destaca las repercusiones que tuvo en la educación el afán antiautoritario, cuyo manejo pedagógico, no siempre tuvo una articulación conceptual adecuada  y cristalizó, efectivamente, en prácticas no autoritarias pero sin rumbo claro, en demérito de la educación. En  el mismo caso se encuentra la formación del estudiante crítico: no hubo claridad conceptual para poder construir ese modelo de estudiante. Hoy, seguimos en el debate de esos grandes temas.

En ese afán de hacer los recuentos, como efectos provenientes del 68,  Machorro hace la relatoría de sus vivencias políticas de los últimos años, sus rectificaciones o revaloraciones, su crítica a los nacionalismos, a los caudillismos, a los mesianismos que, en su concepción, han propiciado el atraso en el avance de la democracia.

En el capítulo DEL AUTORITARISMO AL PLURALISMO DEMOCRÁTICO, Isidoro Yescas hace una descripción de la forma en que intervenía el gobierno en la elección de los rectores de la entonces Universidad Benito Juárez de Oaxaca, como una práctica gubernamental común que ya se observaba desde el Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca. Era la época del partido hegemónico y cuya costumbre había permeado incluso en los dirigentes de la máxima organización universitaria: La Federación Estudiantil Oaxaqueña (FEO), cuya filiación al partido en el poder era también una práctica. Los efectos positivos del movimiento del 68 tuvieron su reflejo en el desplazamiento de los liderazgos estudiantiles afines al PRI, la vinculación de los universitarios con los movimientos de protesta, la alianza con movimientos sindicales y populares y la conquista, en 1971 de la autonomía universitaria. Es evidente que el momento de la ruptura con el viejo régimen fue el año del 68. José Antonio Castillo Viloria, estudiante de la escuela de medicina, jugaría un papel fundamental articulando la relación de la universidad con los sectores inconformes  de la sociedad, ante el enojo del gobierno. En 1970, Castillo Viloria es expulsado de la universidad bajo cargos verdaderamente ignominiosos. Pasado el reflujo de la represión gubernamental, en 1971 se reorganiza la Federación Estudiantil Oaxaqueña y en 1971 se logra la autonomía de la universidad.

Los efectos del movimiento del 68, señala Isidoro Yescas,  tuvieron su reflejo en la sociedad años más tarde: la caída de Zárate Aquino en 1977, el triunfo de la COCEI en Juchitán en 1981 y los posteriores triunfos de la oposición al amparo de nuevas reglas electorales que se vinieron perfeccionando y que también fueron producto del movimiento estudiantil.

Jorge Hernández Díaz, en LAS INFLUENCIAS DEL 68 EN EL MOVIMIENTO INDÍGENA, señala que el 2 de octubre es considerado como el parteaguas en la vida política del México posrevolucionario y al que muchos reclaman como el origen de las luchas por la democratización, la justicia y la igualdad. Señala que la influencia del 68 en el movimiento indígena es un tanto quimérica y que este movimiento indígena no necesariamente es un movimiento antisistémico porque sus principales objetivos no necesariamente buscan la destrucción del sistema socioeconómico  vigente. A lo largo del ensayo, Jorge Hernández da cuenta de la historia de la lucha campesina, sus demandas y particularmente la evolución de las organizaciones oficiales y no oficiales que la han arropado.

Hernández vincula dos acontecimientos importantes como influencias del 68 en el movimiento indígena: el aniversario 500  (en el año de 1992) que marca la llegada de los europeos a lo que ahora conocemos como continente americano, aniversario que provocó movilizaciones masivas y la presencia en las calles de organizaciones indígenas para exigir su inclusión en el proyecto nacional, y en 1994 la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional con reivindicaciones que fueron más allá de la demanda de tierra, créditos y servicios públicos. En Oaxaca, señala Jorge Hernández, el movimiento indígena consiguió triunfos importantes, fundamentalmente en lo que se refiere a procesos electorales, como reconocimiento a la diversidad multicultural del estado.

Carlos Sorroza, Cirenia Vásquez y Olga Montes en MOVIMIENTO ESTUDIANTIL, CRISIS INSTITUCIONAL Y FUTURO INCIERTO, abordaran el tema a partir de enlazar el movimiento estudiantil con los cambios institucionales  que ocurrieron  en algunas universidades  mexicanas durante y después del 68 y concretamente en nuestra universidad.

Apuntan los autores que los universitarios buscaron la democratización de su casa de estudios, del 68 a los 70s, pero sólo lograron una democratización frustrada y un ambiente de control político de esa fecha a la presente, por ello la universidad vive una inestabilidad permanente y controles caciquiles que hoy la tienen al borde de un colapso financiero y operativo. Afirman asimismo, que los gobiernos locales son simples observadores del acontecer institucional universitario, lo que ha llevado a la UABJO, además,  a una crisis de gobernabilidad.

Asimismo, destacan algunos hallazgos que muestran el grave deterioro de la vida universitaria en la UABJO: débil relación entre la formación y el campo laboral, falta de compromiso de los docentes, falta de actualización, ausentismo (por cierto, fuentes institucionales de la administración central de la UABJO me informan que en las facultades de Contaduría y Administración y Derecho el ausentismo es superior al 50% del total de las horas clase); mal desempeño de rectores, falta de interés por resolver los problemas de los alumnos; mala imagen de la UABJO y el consecuente rechazo laboral; procesos electorales que provocan malestar pues el voto es controlado a cambio de prebendas. Todo ello provoca que los estudiantes no se encuentren motivados para participar en procesos de cambio.    Sin embargo, yo creo que esas condiciones descritas son los ingredientes para motivar el cambio y contagiar esa necesidad entre los universitarios.

Por lo que se refiere a los diversos rankings de instituciones educativas en México, los autores hacen una comparación entre la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), la universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), la Universidad de Guerrero (UAG) y la Universidad autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO). En todos los rankings, en un nivel muy alto aparece la BUAP, y en un nivel muy bajo la UABJO. En el top de universidades en México, aparece la UNAM en primer lugar, la BUAP en noveno lugar,  la UNACH en el 30,  la UAG en el 52 y  la UABJO en el 65. Se confirma que la UABJO es la universidad más rezagada de la región sur-sureste.

En el ¿qué hacer?, los autores se plantean la necesidad de restablecer la cohesión y la identidad de los universitarios, como una prioridad, independientemente de que, como algunos analistas opinan, es necesario formular y aprobar una nueva Ley Orgánica así como perfeccionar los procedimientos administrativos.

En mi opinión, el tiempo que nos queda para llegar al colapso es muy corto. Hoy se buscan afanosamente recursos económicos para solventar los compromisos. Pero, ¿Qué utilidad reportará el conseguir mayores recursos si se gastarán de la misma manera que se gastan ahora y en el mismo entorno? El problema no es solamente de financiamiento, es de modelo de institución.

Rodolfo Navarro Jiménez, aborda el tema EL MOVIMIENTO DEL 68 Y LA UABJO: HACIA UN NUEVO MODELO EDUCATIVO.  En líneas muy concretas Navarro señala que si coincidimos en que los problemas de la UABJO, además de los políticos, son de tipo estructural y de cambio de actitud de su comunidad, lo que se requieren son profundas transformaciones, entre ellas la creación de un nuevo Modelo Educativo. Especialista en la evaluación de instituciones de educación superior, Navarro  propone que el nuevo modelo educativo incluya: un modelo académico, un modelo pedagógico, un modelo institucional de organización para garantizar  un mejor funcionamiento, un sistema institucional de evaluación, un modelo de planeación-evaluación, un sistema institucional de tutorías y un modelo de seguimiento de egresados.

Finaliza Navarro haciendo una crítica a la concepción de universidad democrática, crítica y popular, señalando que en cada elección de autoridades se presenta un tipo peculiar de democracia, caracterizada por el corporativismo, el empleo del porrismo y el control político de grupos facciosos, por lo que se pone en duda el carácter democrático de la institución; de igual manera señala que la comunidad universitaria en lugar de ser un ente crítico que permita al estudiante cuestionar su propia formación, se ha convertido en una masa amorfa, indolente y omisa en sus pensamientos y su forma de actuar. Finaliza diciendo que la universidad prácticamente ha dejado de ser popular y ha pasado a ser elitista, pues todo se cobra, principalmente altísimas cuotas de ingreso que hacen nugatoria la posibilidad de acceso a las clases populares. Existen casos de jóvenes, y me consta, que aprueban el examen de admisión pero no cuentan con el recurso para pagar la cuota de inscripción, por lo que se quedan fuera de la universidad.

Manuel Matus Manzo, en su ensayo: OAXACA Y SU CULTURA, 50 AÑOS DESPUÉS, señala que el 68 se mantiene como una herida abierta en los jóvenes y sostiene que el movimiento estaba enfocado en su lucha contra el gobierno, su partido y la figura presidencial; contra la cultura del partido y en general en contra de un gobierno usurpador de los verdaderos ideales de la revolución. Señala que es curioso ver que en los años previos a 1968 hubo una especie de renacimiento cultural que provenía del exterior: el amor, la marihuana, los hongos, las bebidas y la vida del ocio y la calma. Sostiene que un elemento sustancial de la cultura que enriquece a las universidades es la palabra, oral y escrita, y que la libertad es los primero que la palabra requiere en la persona, la libertad es la condición fundamental  y con ella surge la expresión.

Es en los años ochenta cuando se produce un cambio en el rostro de Oaxaca y se produce un repunte poético editorial, la llegada de Francisco Toledo viene cargada de proyectos para la creación de bibliotecas, el establecimiento de premios para la labor artística, etc. En Toledo, dice Matus, encontramos tres características importantes para la cultura: como pintor, como dador de cultura y como lector.  Es, de alguna manera, la herencia del 68.

Finalmente, Manuel Esparza, en IMPACTO DEL MOVIMIENTO DE 1968 EN LA PRÁCTICA DE LA ANTROPOLOGÍA Y CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO, centra su análisis en la democratización de algunos aspectos de la administración pública, que propició el fortalecimiento de las instituciones, pues gran parte de los directivos provenían del movimiento estudiantil del 68. Lo más importante que advierte Manuel Esparza es la política económica-presupuestal fuertemente nacionalista que permitió diferir el embate del neoliberalismo.

Hasta aquí mis comentarios, agradezco a todos su atención.

Muchas gracias.